La Meditación No Es Crear Un Estado Especial

30. Mayo 2009 | Por Shambhala | Categoría: Artículos Destacados, Profesores Locales

Entrevista a Leonor Palma para la Revista YA,

¿Qué es meditar? ¿Cómo se hace? ¿Para qué sirve? Leonor Palma medita y enseña a otros a meditar: posición, actitud, etapas, consecuencias. No por nada es instructora de meditación, fundadora del Centro Shambhala y además precursora del Rolfing, una técnica para armonizar el cuerpo que hoy combina precisamente con trabajo espiritual y mental.

Artículo original : La meditación no es crear un estado especial Por PAULA ANDRADE.

Leonor Palma, instructora de meditación y terapeuta corporal

Leonor Palma recoge de la tierra una flor maltrecha y comenta como al pasar: “Son los conejos”. En Santa Sofía de Lo Caña, donde tiene su casa, la cordillera no es meramente un marco geográfico, sino otra manera de vivir. Al aparente silencio, la brisa fresca y el vuelo de las golondrinas, se suman, claro, los conejos que comen flores y una dificultad cierta para cultivar el jardín.

Ahí es donde se empeña Leonor Palma. Todos los lunes, junto a su jardinero, siembra, abona, poda y guía sus plantas: dimorfotecas que cuelgan de la terraza, lavandas, ciruelos, nogales, cactus y otro montón de especies que colorean su pedazo de cerro. “Cuando estoy en el jardín o cuando cocino y me doy cuenta de que estoy pensando en otra cosa, vuelvo a los olores y los sabores, recupero lo que los budistas llamamos el “aquí y ahora”, explica esta mujer de 62 años, fundadora del Centro de Meditación Budista Shambhala y una de las quince instructoras de meditación que hay en el país.

- ¿A quién le recomienda meditar?

- Al que tenga interés. No me siento particularmente atraída a recoger adeptos, pero sí a contar, comunicar, compartir mi experiencia. La gente es libre de venir. Si llegan, fantástico: voy a estar feliz de compartir con ellos. Pero no puedes hacer un trabajo contigo misma tironeada por otros, tiene que partir de ti.

- ¿Cuál es el propósito final de la meditación?

- Dejar de sufrir.

A cara lavada, Leonor Palma espera en la portería de la Comunidad Ecológica Santa Sofía. Conduce rápido hasta su casa ubicada sobre los mil metros. Allí me presenta a su marido, el ceramista francés Michelle Taverne, y poco a poco comienza a desenrollar el cóctel de meditación, budismo y terapia corporal que aplica en su consulta privada.

Aunque es chilena, ha vivido buena parte de su vida en el extranjero. De hecho, está instalada en el país recién desde hace tres años. Antes estuvo yendo y viniendo entre París y Santiago, después de haber pasado varios años en el fecundo Boulder, Colorado, un pueblito donde germinaron sus vocaciones.

Cuando en 1980 aterrizó en Chile, Leonor Palma se convirtió en la primera terapeuta nacional de la técnica Rolfing. “No fue nada fácil. Me acuerdo de que algunos lo confundían con un masaje, sobre todo los hombres. Por eso socialmente prefería presentarme como ingeniero forestal”, recuerda mientras prende el segundo cigarrillo de la mañana.

En Boulder aprendió en el instituto de Ida Rolf, la bioquímica que desarrolló esta terapia corporal. Desde entonces no ha dejado de ejercer la técnica que, en buenas cuentas, consiste en reeducar y reposicionar el cuerpo y los movimientos corporales a través de la manipulación del tejido conectivo, una lámina que cubre órganos, músculos y piel.

“Mi trabajo me emociona mucho. El contacto profundo que se produce con la gente. Mujeres estresadas con el trabajo, mujeres a quienes les cuesta salir de la casa una vez que han tenido un hijo, mujeres que se dan cuenta de que no están bien emocionalmente y quieren estar mejor. Las veo cómo van cambiando. Eso nunca me ha dejado de emocionar”.

Meditar, una capacidad natural

De Boulder también trajo a Chile las enseñanzas de Chogyam Trungpa Rinpoche, un budista tibetano que salió al exilio y acabó instalado en Estados Unidos. “Una de las genialidades de Trungpa – recuerda ahora Leonor- fue que adaptó las enseñanzas budistas a nuestra manera de ser occidental, así que muchos ritos que otras tradiciones hacen en sánscrito, las hacemos en castellano o inglés”.

Llevando aún más lejos la idea de “aterrizar” las enseñanzas, Trungpa formó a profesores de budismo e instructores de meditación. Así fue como Leonor Palma se convirtió en instructora de meditación, y en 1982 fundó junto a otras personas el Centro de Meditación Budista Shambhala de Santiago, un lugar donde la espiritualidad se desarrolla por dos vías: la práctica de sentarse a meditar y el estudio de una secuencia de conocimientos académicamente ordenados.

En el mundo hay 135 centros Shambhala que toman el nombre del mítico reino de sabiduría tibetana. En Chile cuenta con 65 socios activos, que pagan cuotas y van a retiros, y otras 350 personas adscritas a su red de comunicación (www.shambhala.cl).

- ¿Cómo se explica qué es la meditación?

- Es una capacidad natural que tenemos todos los seres humanos de estar presentes y darnos cuenta de lo que nos pasa, momento a momento. Por lo tanto, la meditación no es crear un estado especial, sino darnos cuenta de cuáles son nuestras partes condicionadas y cómo las podemos ir soltando para acercarnos a una manera más entera de ser.

- ¿Qué entiende por “partes condicionadas”?

- Cada vez que se me cruza un auto, me da rabia y garabateo. Cada vez que me piden hacer algo, no lo hago a la manera que me piden, sino a la manera que yo quiero. Cada vez que me miran feo, pienso que me están criticando. Así nos construimos desde la infancia, con condicionamientos sicológicos.

- ¿Cuáles son las etapas de la meditación?

- En líneas muy generales, te diría que lo primero que pasa es que uno se da cuenta de que tiene una cabeza pensante que no para nunca. La actitud que uno toma es pelear con esa cabeza, criticarla, criticarse.

- ¿Ahí entra el instructor?

- Guiado por el instructor, el proceso empieza cuando te acercas a quién eres tú y qué es lo que te pasa de una manera abierta y cariñosa.

- ¿Una terapia sicológica no basta?

- No. Te puede ayudar a liberarte de algunos condicionamientos, pero no de todos. Todos los seres humanos tenemos el corazón despierto, poseemos la “bondad fundamental” como la llamamos en el Shambhala, que en el fondo es la capacidad para vivir de una manera más abierta, clara y cálida. Pero hay cosas, un capullo de condicionamientos, que nos impiden manifestar ese potencial. Eso quiere decir que tú construyes un mundo que puede ser como la selva amazónica o como un jardín inglés o como un jardín estilo francés. Tú eliges, pero es difícil que aceptes algo distinto. Si al que vive en un jardín inglés le pones una mariposa africana, no la quiere porque no es el mundo que él construyó. Por lo tanto, aun con una terapia, sigues siendo la misma persona que todos los días toma el mismo camino para llegar a su casa y cuando no lo consigue, por un imprevisto o cualquier cosa, se desestructura.

- ¿La idea es desestructurarse?

- La idea es estar consciente para ver ese imprevisto, observar qué te pasa con él y relacionarte de otra manera con el hecho. Es muy distinto a ir manejando, alguien me tira su auto encima y me doy cuenta de que a mí también me dan ganas de tirarle el auto encima. Pero no lo hago, no agredo al otro, sólo me observo, me hago cargo de lo que a mí me pasa y lo dejo hasta ahí.

- ¿No es peor guardar la rabia?

- Si soy capaz de sentir cómo las células de mi cuerpo transmiten la rabia, no. Si les impido a las células transmitir esa rabia, cambio de tema o niego lo que me pasa – es decir, si paras el movimiento energético de la emoción- , efectivamente puede ser peor.

- ¿A eso se refiere con el “aquí y ahora”?

- Claro. Es la capacidad de estar presente, cosa que no siempre ocurre. Uno necesita entrenamiento. A mí me pasa en los retiros. Me acuerdo claramente de un retiro de tres meses. Como al segundo mes iba caminando y sentí que estaba desnuda, que iba sin ropa. Algo había soltado. Tuve conciencia, vi mi vulnerabilidad y se fue. It’s not a big deal, ¿te fijas?

- ¿O sea que no pretende anular lo que siente?

- Las emociones son iguales que las uñas o los dientes. Son partes del ser humano. El problema es cuando dices esto es bueno y esto es malo.

La mamá de Leonor Varela

Leonor Palma es mamá de Leonor Varela, la actriz chilena que filma en Hollywood. Como cualquier mamá, no hace distingos y pide que junto con “la Leíto” se mencione también a Alejandra y Javier, sus otros dos hijos.

A ambos y a sus nietos los ve cada semana, en rutinas diseñadas expresamente para alimentar el vínculo. En cambio, a Leonor Varela la ve cuando viene a Chile o cuando – cosa rara- viaja a visitarla: “La última Navidad la pasé con ella. Conocí su nuevo departamento en Santa Mónica, a tres cuadras del mar. Fuimos a pasear al perro, me mostró donde hace gimnasia, donde toma clases de yoga, donde hace las compras, fue muy rico: hace tiempo que no estábamos las dos solas”.

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